Las culturas sólidas no se basan en suposiciones. Comunicar con claridad cómo se actúa, decide y colabora evita confusión, mejora el clima y genera responsabilidad compartida.

La importancia de ser explícito

January 05, 20265 min read

La cultura no se transmite solo con palabras bonitas ni con valores colgados en una pared.
Se transmite, sobre todo, a través de comportamientos visibles, repetidos y coherentes.

Y aunque parezca obvio, una de las grandes causas de conflicto, desalineación y frustración en los equipos es que nadie se ha detenido a decir en voz alta cómo se espera que se actúe.

Lo damos por supuesto.
Creemos que todo el mundo “ya lo sabe”.
Pero la realidad demuestra lo contrario: sin claridad, cada persona interpreta los valores a su manera.

Por eso, uno de los mayores actos de liderazgo cultural es ser explícito.
Decir con precisión —y ejemplo— qué comportamientos son los que construyen, sostienen y fortalecen la cultura que queremos vivir.


1️⃣ La cultura no es lo que decimos, es lo que hacemos

Podemos hablar de colaboración, respeto, innovación o excelencia, pero esos conceptos solo cobran sentido cuando se traducen en conductas concretas.

Decir “somos colaborativos” no significa nada si no explicamos cómo colaboramos:

  • ¿Se espera que todos opinen en las reuniones?

  • ¿O que las decisiones se tomen en pequeños grupos?

  • ¿Cómo se gestionan los desacuerdos?

Cada valor necesita su traducción conductual.
De lo contrario, se convierte en una palabra vacía, abierta a interpretaciones.

Ser explícito es la diferencia entre tener una cultura intencional y una cultura accidental.


2️⃣ La ambigüedad cultural: el enemigo silencioso

Las organizaciones que no definen comportamientos esperados generan un tipo de caos silencioso.
Nadie lo ve al principio, pero poco a poco se cuela en las dinámicas cotidianas.

Cada uno empieza a hacer las cosas “a su manera”.
Las decisiones se vuelven inconsistentes.
El feedback se da (o se evita) según el estilo de cada líder.
Y los conflictos se gestionan con intuición, no con estructura.

El resultado: frustración, malentendidos y desgaste.

La ambigüedad es el terreno fértil del desalineamiento.
Y la claridad, su antídoto.

Por eso, la claridad cultural no se improvisa: se diseña.


3️⃣ Comportamientos explícitos: una brújula compartida

Definir los comportamientos esperados no es microgestionar.
Es dar una brújula compartida.

Las personas no necesitan que les digan cada paso, pero sí qué dirección seguir y qué actitudes son coherentes con los valores.

Por ejemplo:

  • Si hablamos de trabajo en equipo, seamos explícitos:
    “Aquí compartir información es una muestra de compromiso, no de debilidad.”

  • Si decimos que valoramos la innovación, aclaremos:
    “Aquí se permiten los errores siempre que vengan acompañados de aprendizaje.”

  • Si defendemos la transparencia, concretemos:
    “Aquí las decisiones se explican, no se esconden.”

Cuando los comportamientos esperados están claros, la cultura se vuelve observable, enseñable y medible.


4️⃣ La ilusión de lo obvio

Una de las frases más peligrosas en gestión de personas es:
“Eso es de sentido común.”

El problema es que el sentido común no es universal.
Cada persona trae su historia, su experiencia y su interpretación.

Para algunos, “puntualidad” significa llegar a la hora.
Para otros, cinco minutos después.
Para algunos, “feedback” es corregir.
Para otros, escuchar y acompañar.

Nada es tan obvio como parece.

Por eso, ser explícito no es infantilizar a los equipos: es alinear percepciones.
Y en esa alineación se construye la madurez cultural.


5️⃣ Cómo se ve la claridad cultural en acción

Ser explícito no significa hacer un manual de instrucciones para cada tarea.
Significa poner sobre la mesa los comportamientos que sostienen los valores.

En la práctica, esto puede traducirse en:

  • Guías culturales vivas. Documentos simples y claros que describan “así actuamos aquí”.

  • Conversaciones abiertas. Espacios regulares donde se hable de cómo se viven los valores, no solo de resultados.

  • Feedback cultural. No solo medir desempeño técnico, sino coherencia con la cultura.

  • Rituales de refuerzo. Celebrar las conductas alineadas y corregir las que se desvían.

Lo importante no es el formato, sino el mensaje:
“Aquí nos importa cómo se hacen las cosas tanto como los resultados que se logran.”


6️⃣ La claridad genera responsabilidad compartida

Cuando los comportamientos esperados están definidos y comunicados, la responsabilidad deja de ser jerárquica y se vuelve compartida.

Todos saben qué se espera y todos pueden recordar al otro, con respeto, cuando algo se aleja de ese marco.

La claridad no solo reduce conflictos: fomenta la corresponsabilidad.
Crea un terreno común donde el feedback no es una crítica, sino una práctica cultural.

Y eso cambia por completo la dinámica de los equipos:
del miedo al error pasamos a la conversación abierta,
de la confusión pasamos al aprendizaje,
del “yo cumplo” pasamos al “todos construimos”.


7️⃣ De la expectativa tácita al acuerdo explícito

Muchas culturas empresariales se basan en acuerdos tácitos:
“Todos sabemos lo que está bien.”

Pero el problema con los acuerdos tácitos es que solo funcionan mientras todos piensen igual.
Y eso casi nunca ocurre.

Convertir esas expectativas implícitas en acuerdos explícitos es un paso de madurez organizacional.
Permite revisar, cuestionar y mejorar juntos los comportamientos que realmente queremos fomentar.

Ser explícito no es imponer; es co-crear claridad.


8️⃣ Tres beneficios de ser explícito sobre los comportamientos esperados

1️⃣ Reduce ambigüedades y malentendidos.
Todos entienden las reglas del juego y cómo comportarse ante diferentes situaciones.

2️⃣ Alinea expectativas desde el principio.
Desde el onboarding, los nuevos miembros saben qué significa vivir la cultura.

3️⃣ Fomenta un entorno de responsabilidad compartida.
La claridad facilita el feedback mutuo y la coherencia colectiva.


9️⃣ Ser explícito es también una forma de respeto

Decir lo que se espera no es control, es consideración.
Es reconocer que las personas no pueden adivinar lo que no se ha dicho.

Ser claro es cuidar.
Y cuidar es liderar.

Por eso, los líderes más respetados no son los que exigen perfección, sino los que explican con claridad lo que esperan, lo que toleran y lo que celebran.

La claridad reduce el miedo y multiplica la confianza.
Y la confianza es la base de toda cultura sana.


La claridad cultural como acto de liderazgo

Ser explícito sobre los comportamientos esperados no es burocracia, es liderazgo.
Es el modo más directo de convertir los valores en acción, y las intenciones en coherencia.

Una cultura fuerte no nace del “ya nos entendemos”, sino del “esto es lo que somos y así lo vivimos.”

Porque cuando todos saben qué se espera —y por qué—,
la cultura deja de ser invisible y se convierte en una fuerza compartida.

Y esa claridad, más que cualquier manual, es la que sostiene los equipos en los días difíciles.

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